> LA MISA DE HOY

PBRO MARCELO BARRIONUEVO

En pleno discurso del Pan de Vida, Jesús no deja de manifestar la verdad tal como es. Muchos no lo entienden y lo abandonan. Jesús no se retracta y redobla el mensaje preguntándole a sus discípulos si quieren abandonarlo o no... Pedro responde “Señor a quién iremos, solo tú tienes palabras de vida eterna...”. Son tiempos de cuidar la fidelidad a Cristo.

Enseña Juan Pablo II: “si hemos elegido a Cristo, si Él es el verdadero objetivo de nuestros actos, por encima de cualquier otro, todo aquello que nos indique cómo progresar hacia Él o nos señale los obstáculos que de Él nos separan lo veremos como un bien inmenso, como una valiosa orientación por la que nos sentimos hondamente agradecidos. Los mandamientos de Dios y de la Iglesia son señales, que de modo diverso, garantizan nuestra libertad, la elección libre que hicimos de seguir a Cristo.

Quien trata de responder sinceramente a las gracias de Dios, experimenta que en el seguimiento de Jesús encuentra la libertad. Al escuchar su voz, uno ve, por fin, clara su senda: “los mandamientos entonces no se sienten ya como una imposición que viene de fuera, sino como una exigencia que nace de dentro, y a la cual, por tanto, la persona se somete de buen grado, libremente” (Juan Pablo II, loc. cit).

“El hombre -enseña Juan Pablo II- no puede ser auténticamente libre ni promover la verdadera libertad, si no reconoce y no vive la trascendencia de su ser por encima del mundo y su relación con Dios, pues la libertad es siempre la del hombre creado a imagen de su Creador (...). Cristo, Redentor del hombre, hace libres. Si el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres, refiere el Apóstol Juan (cfr. 8,36). Y San Pablo añade: ‘Allí donde está el espíritu del Señor, allí está la libertad’. Ser liberado de la injusticia, del miedo, del apremio, del sufrimiento, no serviría de nada, si se permanece esclavo allá en lo hondo de los corazones, esclavo del pecado. Para ser verdaderamente libres, el hombre debe ser liberado de esta esclavitud. La libertad radical del hombre se sitúa al nivel más profundo: el de la apertura a Dios por la conversión del corazón”.

La vida de seguir a Jesús significa firmeza en la convicción de lo que Él nos enseña. No podemos tener miedo aún cuando los tiempos no sean buenos. Que no perdamos la fidelidad a Jesús a pesar de los problemas que podamos tener por seguirlo.